El Deseo del Analista en la era "digital"
El Deseo del Analista en la era "digital"
4/28/20266 min leer
El Deseo del Analista en la época “Digital”
Introducción: La época y el psicoanálisis frente al malestar contemporáneo
¿Qué define nuestra época? Desde una perspectiva psicoanalítica, podríamos señalar el ascenso al cenit social del objeto a, tal como lo anticipó Miller en "El Otro que no existe y sus comités de ética" (1997). Hoy, casi treinta años después, este fenómeno se ha radicalizado con la omnipresencia de la tecnología, que ha reconfigurado todos los ámbitos de la existencia. ¿Es el gadget el nuevo contorno del objeto a? Sin duda, se presenta como un fetiche de consumo, pero ahora, además, es teledirigido: algoritmos de minado cognitivo procesan nuestros datos, moldeando ofertas personalizadas que colonizan el deseo. Esta realidad no pasa desapercibida, pero sus implicancias aún resultan opacas. El aceleracionismo tecnológico avanza a una velocidad que excede la capacidad simbólica del ser hablante, sumergido en un flujo incesante de datos que obstruyen la posibilidad de posicionarse.
La máquina parece arrasar con lo humano, reduciéndolo a una "carne inútil" reemplazable por la IA, mientras el tecno-feudalismo erosiona los Estados-nación, impulsando un discurso posthumano que nos considera obsoletos.
La ciencia y la tecnología no solo pretenden redefinir nuestra relación con la muerte y la sexualidad, sino que, mediante algoritmos, nos ofrecen "soluciones psi" preformateadas: saberes automatizados que simulan escucharnos, hablándonos desde lo más íntimo. Este Otro automático, que nos interpela a través de la publicidad digital, genera un malestar singular: al saturar el espacio de la falta, obtura la emergencia del deseo.
Autores como Byung-Chul Han y Éric Sadin han diagnosticado esta lógica de autoexplotación, donde los discursos de optimización —mejor cuerpo, mejor mente, mayor productividad— encubren una violencia simbólica. La pandemia no hizo más que acelerar este proceso, convirtiendo la hiperconexión en un imperativo que enriquece a las corporaciones mientras parece vacíar la experiencia subjetiva.
Frente a este panorama, el psicoanálisis aparece como una práctica que, aunque a veces mercantilizada bajo la etiqueta de "salud mental" o "autodescubrimiento", se sostiene en una ética radicalmente opuesta a la del capitalismo. ¿Cómo opera, entonces, el deseo del analista para hacer funcionar un discurso que subvierte la lógica del rendimiento/consumidor?
La respuesta no es sencilla. Lacan, en el Seminario 11, ubica al analista en la posición del hipnotizado: no dirige la cura, sino que sigue la dirección que imprime el analizante a través de su cadena significante. Su intervención se reduce a un "siga hablando", evitando toda rectificación moral o sugestión. Este gesto, aparentemente pasivo, es en realidad una estrategia ética: el analista no ocupa el lugar del Amo, sino el del objeto a, causa del deseo pero también resto opaco de lo simbólico. El deseo del analista no es un deseo puro —no podría serlo—, porque está atravesado por una transmutación pulsional dando cuenta de que se gira en torno a un vacío.
Lacan (en los seminarios 10 y 11) lo articula como un artificio clínico: el analista encarna la falta, sosteniendo la transferencia sin colmar la división del sujeto. Su función no es guiar hacia un ideal, sino permitir que el analizante tropiece con lo real de su propio deseo, siempre descentrado e imposible. En una época donde el capitalismo promete completud mediante algoritmos y gadgets, el psicoanálisis persiste como un discurso que no sabe demasiado, que no ofrece soluciones prefabricadas, sino que abre un hueco en el circuito del goce automatizado.. Hasta aquí un idealismo.
En Nota italiana, Lacan ubica: el analista “debe haber cernido la causa de su horror, del propio, el suyo, separado de todos, horror de saber. Desde entonces, él sabrá ser un desecho” (Ibíd.). Del horror de saber a saber ser un desecho. Frente a esto pasamos a los problemas.
Problemas.
Los problemas de nuestra época se vinculan indirectamente con una lógica energética, ya que la eliminación de lo imposible que caracteriza al discurso capitalista genera una dinámica donde lo inasimilable -el desecho, el exceso- pierde todo destino claro. Esto conduce, como señala Lacan en el Seminario 17, a una acumulación ilimitada de plusvalía, que en términos psicoanalíticos podemos reformular como plus-de-goce.
Freud, desde su Proyecto de una psicología, establece un vínculo entre lo psíquico y la termodinámica a través del concepto de entropía. Esta noción de pérdida irreversible de energía útil nos ayuda a comprender el principio de Nirvana, la pulsión de muerte y especialmente el goce como aquello que excede y resiste la simbolización completa. El goce opera como un equivalente al "calor residual" en una máquina, esa energía que no puede convertirse en trabajo útil.
En la elaboración lacaniana, el saber adquiere un estatuto particular como aparato de goce, especialmente a partir del Seminario 17. Este saber ocupa una posición lógica diferente en los cuatro discursos (del Amo, de la Histeria, Universitario y del Analista). La entropía en Lacan designa precisamente lo irrecuperable en la circulación pulsional: el plus-de-goce -que reformula el plusvalor marxista- funciona como resto que se disipa en las repeticiones sintomáticas. El inconsciente, como saber no sabido, constituye un circuito donde el goce se pierde y se recupera parcialmente, nunca de manera completa.
El discurso capitalista representa una mutación particular del discurso universitario, donde el agente pasa a ser el sujeto ($) en su función de consumidor, eliminando la doble barra de lo imposible que operaba como límite. El objeto a en este discurso se manifiesta como lo "consumido" (la oferta tecnocapitalista), pero con la paradoja de que el consumidor mismo es consumido, en un circuito sin mediación de la imposibilidad. Esta es la base de la acumulación infinita que caracteriza al capitalismo contemporáneo. En su vertiente más actual y problemática, este discurso se caracteriza por una ruptura radical en la relación entre sujeto y saber. La ausencia de flecha que los conecte marca una separación absoluta del saber inconsciente.
Los algoritmos y la publicidad implementan un extractivismo cognitivo que explota el saber del consumidor / consumido que desconecta al sujeto de la hiancia, de aquello imposible que lo constituye. El gadget aparece como la forma contemporánea del objeto a: deslocalizado, íntimo y tele-dirigido, produciendo una entropía de goce máxima donde el objeto como causa de deseo pierde toda coordenada fija, esto ayudado de la posibilidad tecnológica de alimentarse de la atención del consumidor, que ahora, es consumido. Frente a esta configuración, el deseo del analista debe operar como semblante de objeto a, trabajando para rectificar en cada sujeto su relación particular con estos gadgets contemporáneos. Se trata de restituir el lugar del a como causa -no como objeto de consumo- y de reconectar al sujeto con la hiancia que lo constituye. La apuesta es poder reubicar el goce en ese borde de imposibilidad, más allá de las soluciones prefabricadas que ofrece el discurso capitalista.
Conclusión: el analista como desecho
Lacan señala en Nota italiana, el analista "debe haber cernido la causa de su horror, del propio, el suyo, separado de todos, horror de saber. Desde entonces, él sabrá ser un desecho". Se trata de restituir el lugar del a como causa —no como objeto de consumo— y reconectar al sujeto con la hiancia que lo constituye por haber atravesado el “horror al saber” , de ese no querer saber nada estructural. El deseo del analista esta articulado a un querer saber de lo inconsciente.
La apuesta es clínica y política: reubicar el goce en el borde de lo imposible, más allá de las soluciones prefabricadas del capitalismo digital. El analista, como desecho, encarna ese resto que el sistema no puede asimilar.
Bibliografía
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Lacan, J. (1972). "Nota italiana". En Otros escritos. Paidós, 2002.
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Freud, S. (1920). Más allá del principio de placer. En Obras completas, Vol. XVIII. Amorrortu.
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Han, B.-C. (2017). Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Herder.
Sadin, É. (2018). La silicolonización del mundo. Caja Negra.
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